Como siempre, llego. Como siempre, me iré. Un paréntisis de tiempo entre yo y yo.
Escucho. Escucho el mar y su cante hondo. Escucho. Escucho la azul flor de jacaranda,
caer sobre el suelo gris frente a la pared blanca de la casa. Escucho. Escucho al Hombre
y...¡Aquí empieza la discrepancia!
El perro ladra en el silencio nocturno y la incansable hormiga, por fin descansa.
Todo tiene su justa dimensión. Pero ya a mí, ¡todo me cansa!
ml
miércoles, 1 de septiembre de 2010
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