viernes, 20 de marzo de 2009

Niño, extiende tus manitas como racimos de uvas llenos y coge esa estrellita que cayó de los cielos. Los rayos que se escurran entre tus pequeños dedos, estarán llenos de esos días en que la luz temblaba con fulgor de lucero.
El niño la estrujó con sonrisa de cordero. La estrellita gritó y se apagó de miedo.
ML