A la edad.
Se puso un traje blanco como jazmín temprano.
El viento lo rasgó.
Se puso otro amarillo como rosa de té.
La lluvia lo mojó.
Rojo como la sangre, como las flores era,
crepúsculo rosado de pasión y de seda.
Y el sol lo quemó.
Negro como la noche crespones fué cosiendo,
la mano ya cansada no los pudo tomar.
¡Oh, ven tu, descarnada amiga con tu espada afilada
y de una estocada, ayúdame a vestir!
ML
martes, 10 de marzo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario