Llegó el Juicio Final para esculpir en sus torcidas caras la fealdad de las monedas falsas. Solo en las conciencias de los inocentes, quedó grabado en sangre, la culpa de los culpables. Y en su lápida quedó así escrito: "¡Jamás te olvidaremos!"
Amén
sábado, 24 de mayo de 2008
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